domingo,septiembre 20, 2026
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Teresa Perales, cien medallas y una leyenda que sigue nadando

La nadadora aragonesa conquista el oro continental en los 50 espalda S2 y alcanza una cifra histórica entre Mundiales, Europeos y Juegos Paralímpicos.

Teresa Perales con algunas de las 100 medallas que ha logrado en su carrera internacional.

La sonrisa blanca deslumbraba sobre el rostro tostado. En los ojos, brillaba la humedad de quien intenta contener una emoción demasiado grande para esconderla. Teresa Perales acababa de salir del agua, todavía con el esfuerzo pegado a la piel, cuando el número empezó a cobrar forma: cien medallas. Cien veces subiendo al podio entre Mundiales, Europeos y Juegos Paralímpicos.

Cien metales que resumen una vida entera dentro de una piscina, pero que no alcanzan a contarla del todo. Porque en esa cifra caben también los días malos, los dolores, las dudas, las lesiones y todas las veces que tuvo que aprender de nuevo aquello que parecía saber para siempre: nadar.

A su alrededor, entrenadores y compañeros la arropaban. La miraban con esa mezcla de admiración y cariño que provocan las personas que han dejado de ser únicamente deportistas para convertirse en referentes. Teresa sonreía, no necesitaba decir demasiado. El gesto y esa felicidad casi infantil después de tantos años de competición hablaban por ella.

La medalla número 100 había llegado en los 50 metros espalda S2 del Europeo de Kocaeli, en Turquía. Y a lo grande, con un oro reluciente. Uno de los más simbólicos de su excelso palmarés. Porque llega a los 50 años y después de haber obligado a su cuerpo a reinventarse.

Teresa Perales alcanza las 100 medallas entre Europeos, Mundiales y Juegos Paralímpicos. Foto de CPE

Reinventarse tras una lesión

Desde 2021, la aragonesa convive con una luxación aguda en el hombro izquierdo. Lo que para cualquiera habría supuesto un punto final se convirtió para ella en otro comienzo. Tuvo que cambiar su manera de nadar, de entrenar y de competir. Tuvo que despedirse de la clase S5 y asumir una nueva realidad deportiva: la categoría S2 y nadar con un solo brazo.

Con Darío Carreras, su entrenador, confidente y compañero de fatigas, empezó entonces una segunda reconstrucción. Había que encontrar movimientos donde antes había automatismos, fuerza donde ahora faltaba, equilibrio donde el cuerpo ya no respondía como antes. Había que aprender otra vez. Y Teresa aprendió. “Es inagotable”, recalca Carreras.

Una palabra precisa para explicar su trayectoria. Porque esta no es la primera vez que ha tenido que enfrentarse a un comienzo. En 1995, una neuropatía le arrebató la movilidad de las piernas. Tenía 19 años y, de repente, el mundo conocido había cambiado de sitio. Durante un tiempo le tuvo miedo al agua, hasta que decidió entrar. Su primer gesto tuvo algo de pequeño y de gigantesco al mismo tiempo: desprenderse del chaleco salvavidas naranja y verde fosforito con el que había aprendido a flotar. Era como quitarse una armadura, como decirle al miedo que ya no iba a decidir por ella.

Aquel verano se apuntó a cursos de natación. Allí estaba Ramiro Duce, el entrenador que pronto descubrió que aquella joven escondía algo especial. Un diamante en bruto, dispuesto a pulirse a base de horas, disciplina y una voluntad difícil de medir. Tres años después, en 1998, llegó la primera medalla internacional. Fue un bronce en el Mundial de Nueva Zelanda.

Después, el agua se llenó de medallas. Ha competido durante casi tres décadas, ha ganado, ha cambiado de categoría, ha sufrido lesiones y ha tenido que volver a empezar más de una vez. Pero nunca ha dejado de encontrar una razón para regresar a la piscina. Ni siquiera cuando otros decidieron por ella que quizá había llegado el momento de retirarse. No entendieron que la aragonesa no se mueve únicamente por las medallas. Le mueve la competición, el desafío, el compañerismo, ese instante en el que el cuerpo se coloca frente al agua y todo queda reducido a unas décimas de segundo. Por eso continúa.

Teresa Perales en una competición. Foto de CPE

Cinco medallas en el Europeo

En Kocaeli ha añadido cinco metales a su colección, un oro, tres platas y un bronce. La presea dorada, la de los 50 espalda S2, ha hecho historia. La cifra ya está ahí, redonda, limpia: 100. Pero Teresa mira más allá del número. En la férula de su brazo izquierdo están escritos los nombres de los siete Juegos Paralímpicos que ya ha disputado. Siete nombres, siete recuerdos, siete capítulos de una historia que todavía no ha cerrado el libro. Queda espacio para uno más: Los Ángeles 2028.

En la ciudad californiana intentará añadir otra medalla a las 28 que ya posee en la cita paralímpica. Después, dice, llegará la despedida. Aunque con Teresa Perales nunca conviene utilizar la palabra definitivo. Antes queda el Mundial del próximo año. Después, Los Ángeles. Y entre una cita y otra, los entrenamientos, el dolor, el cronómetro y esa obstinación suya por seguir encontrando un resquicio de esperanza allí donde otros solo ven límites.

Escucha con frecuencia Heroes Live Forever, de Vanessa Amorosi. Una canción que acompaña su memoria como un himno personal. Quizá porque hay carreras que terminan cuando el deportista abandona la piscina y otras que permanecen mucho más tiempo. La de ella ya pertenece a esas últimas. A los 50 años, con un un centenar de medallas detrás, sigue entrando en el agua como quien todavía tiene algo pendiente. El cronómetro sigue corriendo. Y ella, también.

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