Hubo un tiempo en el que llegar a una gran cita internacional era casi una cuestión de supervivencia. Verano tras verano, las dificultades para encontrar jugadoras, entrenar con continuidad o disponer de los recursos necesarios convertían cada campeonato en una carrera de obstáculos. España competía contra sus propias limitaciones. Aquellas mujeres que se empeñaron en mantener encendida la llama dejaron un sendero por el que ahora una nueva generación camina con paso firme.
La selección española femenina de baloncesto en silla de ruedas ha convertido la resistencia en ambición. Lleva tres bronces europeos consecutivos, ha encadenado dos participaciones en los Juegos Paralímpicos y, después de más de dos décadas alejada de un Mundial, encadena ya su tercera presencia consecutiva en el campeonato del mundo. Ottawa espera del 9 al 15 de septiembre. Y España llega mirando de frente a las grandes potencias, con el objetivo de dar un paso más.
El equipo que viaja a Canadá será casi el mismo que conquistó el bronce europeo en Sarajevo en 2025. Y solo hay un cambio respecto al bloque que estuvo en la repesca de junio: Lara Arenós entra en la convocatoria en lugar de Eva Sebastián. No estarán dos nombres que forman parte de la historia de esta selección, Sonia Ruiz y Vicky Pérez. Dos referentes que dejaron huella y contribuyeron a que el baloncesto femenino pudiera crecer.
Pero su ausencia no significa vacío. El legado permanece en un grupo cada vez más cohesionado, solidario y convencido de lo que quiere hacer sobre la pista. Bea Zudaire, Isa López, Vicky Vilariño, Lourdes Ortega, Sara Revuelta y Naiara Rodríguez asumirán buena parte del liderazgo. A su lado estarán Laura Ugarte, de regreso después de su maternidad, Lucía Ramo, Michell Navarro, Irene Basoco y Carmen Hernández. La última tiene apenas 13 años. El contraste resume bien el momento de una selección que ha sabido mezclar memoria y futuro. Veteranas que conocen el camino y jóvenes que empiezan a descubrirlo.

Más preparación y más recursos
También ha cambiado el escenario alrededor del equipo. Aquellos veranos en los que las jugadoras apenas podían preparar los campeonatos internacionales por falta de recursos forman parte del pasado. El respaldo de la Federación Española de Deportes para Personas con Discapacidad ha permitido ampliar la preparación y acumular más concentraciones que nunca.
Y ese trabajo empieza a traducirse en la pista. Víctor Ramos, al frente de la selección, ha aportado frescura y una nueva identidad a un equipo que llega a Ottawa con más herramientas tácticas y una mayor capacidad para adaptarse a lo que suceda durante los partidos. “Hemos tenido más concentraciones que nunca y se nota el desarrollo. Las sensaciones han sido muy buenas, todo ha salido cómo esperábamos, ahora toca plasmarlo en la competición”, explica el seleccionador.
El cambio generacional, admite Ramos, fue brusco. Pero las jugadoras respondieron: “Han incorporado hábitos nuevos de manera natural y han construido un equipo trabajador, agresivo en defensa y dispuesto a jugar a otra velocidad. El manout es una de nuestras armas, mientras que en el juego estático las pantallas forman parte de ese baloncesto en el que nos sentimos más cómodas”.
Uno de los grandes desafíos ha sido encontrar descanso para Bea Zudaire, una de las piezas capitales del conjunto español. La dependencia de la jugadora es evidente y el Mundial exige mucho más que una brillante actuación individual. “Bea no puede jugar siempre los 40 minutos. Hemos encontrado rotaciones de calidad que funcionan”, dice.

El grupo más duro
El sorteo tampoco ha concedido tregua. España estará encuadrada en el Grupo A, junto a Brasil, China, Gran Bretaña, Australia y Canadá. En el Grupo B competirán Estados Unidos, Japón, Argelia, Alemania, Francia y Países Bajos. Un cuadro exigente, sin margen para la relajación y con rivales de enorme tradición.
“Nos ha tocado el grupo más fuerte con diferencia. Hace poco Gran Bretaña le ganó en un torneo a la todopoderosa Países Bajos, que nunca ha perdido. China es la actual subcampeona mundial, Canadá la anfitriona, Australia ha dado pasos agigantados con un presupuesto brutal y Brasil es una de las más fuertes en Sudamérica”, analiza.
Ramos no esconde la dificultad, pero tampoco contempla el miedo como estrategia. “Podemos darle un susto a cualquiera. A un partido todo puede pasar”, resume el seleccionador. El recuerdo de Hamburgo 2018 todavía permanece, aquella séptima posición fue un punto de referencia para una generación que hoy llega a Ottawa mucho más madura.
“El suelo es el séptimo puesto, pero no nos ponemos techo. Siempre soñamos con más, aspiramos a todo lo que podamos”, afirma. El reto es grande, pero también la ambición y las ganas de este grupo de jugadoras. España tardó años en ganarse un sitio entre las grandes. Ahora no piensa apartarse y el Mundial será la próxima prueba.














