Hace un año, la selección española de baloncesto en silla de ruedas llegó al Europeo sin hacer demasiado ruido y terminó saliendo de Sarajevo con el oro colgado del cuello. Aquella generación de jóvenes que llevaba años creciendo junta había dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad. Ahora el escenario cambia, los focos apuntan directamente hacia ella y ya no hay espacio para el factor sorpresa.
Ottawa espera a una España que quiere demostrar que aquello no fue un accidente. Del 9 al 15 de septiembre, el Mundial pondrá a prueba la madurez de un equipo que afronta el campeonato con la obligación y la ilusión de pelear por algo que todavía falta en su palmarés: una medalla mundialista.
“Llegamos muy bien, en una situación distinta al año pasado. Ya no somos una sorpresa, sino un referente mundial. Los rivales plantearán los partidos de manera diferente, todos quieren ganarnos”, resume el seleccionador Abraham Carrión. El técnico jerezano sabe que ese cambio de estatus tiene un precio. Los rivales prepararán los partidos de otra manera, cada detalle tendrá más peso y la exigencia será mayor. España tendrá que convivir con una presión que hasta hace poco no formaba parte de su equipaje.
“Estamos obligados a mantener el nivel. Eso implica mayor presión y responsabilidad, algo que a veces nos hace jugar con menos alegría, pero lo hemos trabajado este verano y sabemos a lo que nos enfrentamos, es una cita que nos ilusiona”, reconoce. Pero también hay algo nuevo en la mochila española: una confianza construida a base de trabajo, de partidos y de resultados.
Una generación que ya ha crecido
El grupo apenas presenta novedades respecto al Europeo de Sarajevo. Ignacio ‘Pincho’ Ortega, Óscar Onrubia, Manu Lorenzo, Pau Poyatos, Adrián García y Paco García Quiles representan el empuje de una generación que hace unos años irrumpió en la absoluta y que ahora se ha convertido en uno de los principales motores del equipo. A su lado estarán jugadores de enorme experiencia como Pablo Zarzuela, Lalo Prieto, Alexis Ruiz, Luis Cristen y Julio Vilas. La única incorporación respecto al campeón continental es Biel Carbó.
Juventud y veteranía vuelven a encontrarse en un vestuario que, según Carrión, tiene uno de sus principales argumentos precisamente en esa mezcla. “Tenemos bien cubiertas todas las posiciones, con jugadores de primer nivel mundial. Tienen mucha hambre por demostrar lo que son capaces de hacer. Han crecido con jugadores legendarios que marcaron una época y eso lo han utilizado como combustible para ser mejores. Ahora son ellos quienes ocupan el centro del escenario”, asegura Carrión.
Entre ellos hay, además, algo difícil de entrenar y de fabricar: amistad. Muchos llevan compartiendo vestuario desde categorías inferiores. Se conocen, se entienden y han aprendido a competir juntos. La veteranía del resto del grupo añade equilibrio a esa química.

Regreso a un Mundial
Ottawa tendrá también un componente de revancha. España no estuvo en el último Mundial, disputado en Dubái en 2023, después de no conseguir la clasificación. Fue un golpe duro para una selección acostumbrada a estar presente en las grandes citas. Ahora regresa, y lo hace con muchos jugadores que apenas conocen lo que significa disputar un campeonato del mundo.
“Muchos de los jugadores nunca han estado en un Mundial y otros tuvieron un papel muy residual en Hamburgo 2018. Ahora son importantes”, recuerda el seleccionador. La situación, por tanto, es nueva incluso para buena parte del núcleo que levantó el Europeo. La selección tendrá que manejar los nervios, la responsabilidad y esa sensación inevitable de que, después del oro continental, se espera algo más.
La preparación no ha escondido los problemas. En agosto, el torneo de Colonia dejó un balance de dos derrotas ante Alemania y Gran Bretaña y dos victorias frente a Canadá. Más allá de los resultados, Carrión se quedó con la conclusión de que España necesita ser constante. “Lo que más nos preocupó fue no ser regulares durante 40 minutos. Fuimos un equipo que funcionaba a ráfagas, con bajones o apagones de concentración”, analiza.
En un Mundial, esos minutos pueden decidir una clasificación, un cruce o una medalla. Por eso, el cuerpo técnico ha trabajado durante el verano para corregir esas desconexiones. La otra cara de la moneda fue positiva, España pudo probar rotaciones, ampliar recursos y comprobar que tiene argumentos para plantar cara a cualquiera.

Un grupo sin margen para relajarse
El sorteo situó a España en el Grupo C, junto a Japón, Polonia y Colombia. Un camino que no permite demasiadas concesiones. El A lo forman Estados Unidos, Italia, Brasil y Países Bajos; el Grupo B Australia, Gran Bretaña, Turquía y Argentina; y el D Marruecos, Alemania, Irán y Canadá.
“Colombia es una selección muy vertical, que trabaja mucho la defensa y el contraataque; a Polonia la conocemos de sobra, en un cinco para cinco en estático puede ganar a cualquiera, con jugadores experimentados y grandes tiradores, liderado por Mateusz Filipski; y Japón es una de las selecciones más intensas y verticales, imponen un ritmo alto y tenemos que igualar eso”, comenta.
El objetivo inicial está claro, hacer los deberes en la fase de grupos y terminar primeros para afrontar los cruces desde una posición más favorable. El cuarto puesto de 2014 es hasta ahora el techo de la selección en un Mundial. En 2018 terminó quinta. Nunca ha subido al podio. Por eso Ottawa representa mucho más que otro torneo internacional, es la oportunidad de completar una historia que lleva años esperando este capítulo.
“Mentiríamos si dijéramos que en el vestuario no se habla de medallas”, admite Carrión. Pero el seleccionador evita convertir el deseo en una obligación. España sueña, pero con los pies en el suelo. Trabajo diario, humildad, sacrificio y honestidad. La receta no ha cambiado. Pero sí lo ha hecho la mirada de los demás. Hace un año España podía avanzar sin cargar con el cartel de favorita. Ahora todos saben de lo que es capaz. El oro europeo la ha colocado en la terna de aspirantes. “Que nos vean como uno de los rivales a batir nos llena de orgullo y el depósito de energía. Queremos hacer historia y vamos a pelear por ello”, apostilla.













