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Diez años del oro que convirtió a Elena Congost en historia del maratón paralímpico

La española logró en Río de Janeiro 2016 una histórica medalla dorada. En esta década, ha sido madre cuatro veces, le cerraron la puerta en Tokio 2020 y en París 2024 fue descalificada tras lograr el bronce. A finales de 2025 regresó con récord de Europa.

Elena Congost cruza la meta en la maratón de los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016. Foto de CPE

Han pasado diez años desde aquella mañana de septiembre en Río de Janeiro en la que una mujer exhausta, casi deshidratada y con las piernas vacías escribió su nombre en la historia del movimiento paralímpico. En el Fuerte de Copacabana, Elena Congost se convirtió en la primera campeona paralímpica de maratón en la categoría T12, reservada a atletas con discapacidad visual.

Cruzó la meta en 3:01:43. Había perseguido aquel momento muchos años, desde que unos Juegos dejaron de ser para ella un escenario lejano y se convirtieron en una obsesión. Pero aquel día llegó a la línea de meta de una manera que nadie había imaginado.

Roger Esteve iba a ser su guía, el calor y la humedad castigaron a su compañero, que había perdido peso y no conseguía recuperarse. En una maratón de 42 kilómetros, aquello podía convertirse en un problema para los dos. Si el guía fallaba, la carrera terminaba para ambos.

La atleta tuvo que modificar de repente la manera de correr la maratón. Habitualmente era su guía quien llevaba el reloj y le marcaba el ritmo. Tampoco tenía a su lado una persona que le sirviera de referencia constante. El circuito estaba estudiado al milímetro. Eran aproximadamente 7,5 kilómetros que se repetían. Roger y varios familiares se distribuyeron por puntos estratégicos para transmitirle información sobre la carrera.

Y salió. Al principio ni siquiera parecía que aquella situación extraordinaria fuese a cambiar el guion previsto. Congost pensaba en conservar fuerzas y seguir a alguna rival. Pero en los primeros kilómetros se colocó delante. Después empezó a abrir hueco. El calor que podía haber sido un enemigo se convirtió, aquel día, en uno de sus aliados. Mientras otras corredoras sufrían el clima de Río, ella conseguía mantener el esfuerzo. Pasaron los kilómetros y nadie la alcanzaba. Fue oro, la primera campeona paralímpica de maratón T12.

Había llegado al atletismo siendo una niña. Debutó en unos Juegos en Atenas 2004, con apenas 15 años, y la presión del estadio la desbordó. Después llegó Pekín 2008, donde consiguió un diploma. En Londres 2012 conquistó la plata en 1.500 metros. Pero fue cuando se pasó a la distancia de Filípides. Los 42,195 kilómetros parecían hechos para ella. Río confirmó la intuición.

Elena Congost con la medalla de oro paralímpica de Río de Janeiro 2016. Foto de CPE

El oro no fue únicamente una medalla, fue una liberación. Años de entrenamientos, viajes, carreras y dudas desembocaron en aquel momento. Una niña que había tenido que convencer a sus padres de que la dejaran practicar atletismo se había convertido en la primera campeona paralímpica del maratón.

Cinco años después de Río, la barcelonesa estaba lejos de los estadios. En mayo de 2021 había dado a luz a su tercera hija cuando recibió una llamada del Comité Paralímpico Español. El mensaje fue que no contaban con ella para los Juegos de Tokio. No tuvo oportunidad para hacer la mínima y el desencanto fue enorme. Se desprendió del material deportivo, regaló tops, mallas y zapatillas.

Durante un tiempo creyó que el atletismo había terminado. Había cuatro embarazos y una carrera deportiva que parecían pertenecer ya a dos vidas diferentes. Y entonces apareció una provocación doméstica. Su marido, Jordi Riera, empezó a desafiarla: “¿A que no tienes narices de intentar estar en París 2024?”. Elena aceptó casi para que la dejara en paz. Mientras estaba de vacaciones en Cádiz, empezó a caminar en una cinta y a correr unos minutos por la calle. Volvió a sentir algo que creía perdido. Se sintió atleta otra vez. Llamó a Roger Esteve, quería volver.

Después de ocho años sin competir, Congost regresó a una línea de salida. En la maratón de Sevilla consiguió la mínima para los Juegos de París 2024. Había vuelto, con cuatro hijos, con una vida familiar que ya no se parecía a la de Río. Y con la memoria de una carrera que durante años había creído terminada.

París debía ser la celebración de ese regreso. Terminó convirtiéndose en una de las escenas más dolorosas de su trayectoria. Durante casi toda la carrera, había construido una demostración de paciencia y control. Había administrado el esfuerzo y ya acariciaba el bronce. Hasta que llegó el final.

Elena Congost ayuda a su guía Mia Carol metros antes de la meta en París 2024. Foto de CPE

A su lado estaba Mia Carol, su guía. Los últimos metros fueron una lucha física. El guía sufría fuertes calambres y tenía dificultades para caminar. Congost tiró de él para evitar que se fuera al suelo justo a unos metros de la meta. Y entonces soltó la cuerda. Fueron apenas unos instantes. Fue descalificada. La mujer que había sido campeona del maratón T12 ocho años antes perdió un bronce paralímpico.

La atleta española decidió llevar el caso a los tribunales con el abogado Jean-Louis Dupont. Mientras la justicia sigue su curso, volvió a correr. En diciembre de 2025 ganó la maratón de Valencia en 2:54:36, acompañada por su nuevo guía, Roger Sans. El tiempo tenía un significado especial: récord de Europa T12 y segunda mejor marca histórica mundial de la categoría. No era simplemente una victoria, era una declaración.

Y eso que tampoco fue un año sencillo fuera del asfalto. Sufrió dos abortos y tuvo que afrontar el diagnóstico de un tumor en el nervio óptico, además de pasar por quirófano. Hoy, cuando mira hacia atrás, Río 2016 parece pertenecer a otra Elena Congost. Aquella tenía 28 años. Ahora tiene cuatro hijos y una historia que ya no cabe dentro de una sola medalla.

Río fue la recompensa. Tokio fue la puerta que se cerró. El regreso fue una apuesta casi improbable. París fue el golpe. Valencia, una respuesta. Y los tribunales son ahora otra línea de meta. Pero hay otra carrera en el horizonte: Los Ángeles 2028. Si algo ha demostrado durante estos diez años es que su historia no avanza en línea recta, pero nunca se rinde. La carrera continúa, y todavía quedan metas por cruzar.

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