
Ottawa ya espera. Del 9 al 19 de septiembre, la capital canadiense se convertirá en el gran escenario del baloncesto en silla de ruedas con el campeonato del mundo y España llegará con dos selecciones, 24 deportistas y un mismo propósito: convertir la ambición en historia.
No será un Mundial más, será una nueva oportunidad para derribar una barrera que se resiste: subir al podio mundialista. España nunca ha conquistado una medalla en un Campeonato del Mundo. Sí ganó el oro en el Torneo Internacional de Stoke Mandeville de 1985, que en aquella época ejercía de gran competición mundial de la disciplina. Ahora, tanto la selección masculina como la femenina afrontarán la cita canadiense convencidas de que ha llegado el momento de mirar más alto.
En el equipo masculino, el camino hacia Ottawa tiene un punto de partida muy reciente: Sarajevo. Allí, en 2025, España conquistó el primer oro europeo de su historia tras imponerse a Gran Bretaña. Aquel éxito cambió el estatus del equipo y elevó las expectativas. Ahora, bajo la dirección de Abraham Carrión, toca comprobar hasta dónde puede llegar ese bloque en el escenario más exigente.
El técnico jerezano ha decidido mantener prácticamente intacto el grupo que tocó el cielo en Bosnia. Solo hay una novedad respecto al Europeo: Biel Carbó ocupa el lugar de Raúl Vega. El resto son los mismos protagonistas que hicieron posible aquel histórico título. Óscar Onrubia, Lalo Prieto, Pablo Zarzuela, Alexis Ruiz, Ignacio ‘Pincho’ Ortega, Paco García Quiles, Julio Vilas, Luis Alfonso Cristen, Manu Lorenzo, Pablo Lavandeira y Adrián García Ingelmo.
La apuesta es clara, continuidad, confianza y memoria colectiva. España ha quedado encuadrada en el Grupo C, junto a Japón, Polonia y Colombia. Por delante, una primera fase que deberá servir para medir fuerzas y, sobre todo, para confirmar que el oro europeo no fue un punto de llegada, sino el comienzo de algo más grande.
El objetivo inmediato será terminar en lo más alto del grupo. Después llegará el territorio donde cada partido adquiere otra dimensión, las eliminatorias. Ganar significará acercarse a las medallas; perder, despedirse de un sueño que tiene nombre propio: podio mundial. Estados Unidos, Italia, Brasil y Países Bajos están en el Grupo A; Australia, Gran Bretaña, Turquía y Argentina en el C; y Alemania, Marruecos, Irán y Canadá en el D.
La tercera oportunidad seguida para las chicas
En la selección femenina, Ottawa tendrá además un significado especial. Será el tercer Mundial consecutivo que dispute España, después de sus participaciones en Hamburgo 2018 y en Dubái 2022 -antes lo habían hecho en Saint-Étienne 1990 y en Stoke Mandeville 1994-.
El billete canadiense llegó después de una repesca disputada en Guadalajara en junio, donde España logró de forma contundente la clasificación. Ahora, Víctor Ramos ya tiene definido el grupo de doce jugadoras con el que afrontará el campeonato. También aquí la continuidad es la palabra elegida. Solo hay un cambio respecto al equipo de la repesca: Lara Arenós entra en la convocatoria en lugar de Eva Sebastián.
El resto del grupo combina juventud, energía y experiencia. Bea Zudaire, Isa López, Vicky Vilariño y Naiara Rodríguez asumirán buena parte del liderazgo de un equipo en el que también estarán Irene Basoco, Laura Ugarte, Carmen Hernández, Lucía Ramo, Michell Navarro, Lourdes Ortega y Sara Revuelta.
España llega a Ottawa con tres bronces europeos consecutivos y con la ilusión de dar un paso más en el escenario internacional. El recuerdo de Hamburgo 2018, donde terminó séptima, está presente, pero también la sensación de que el equipo ha crecido desde entonces.
El primer desafío será superar la fase de grupos. España estará en el Grupo A junto a Brasil, China, Gran Bretaña, Australia y Canadá. En el Grupo B competirán Estados Unidos, Japón, Argelia, Alemania, Francia y Países Bajos. Un cuadro exigente, sin margen para la relajación y con rivales de enorme tradición. El reto es grande, pero también la ambición y las ganas de este equipo.











